‘Las mujeres están perdiendo su capacidad para dar a luz’

Michel Odent

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«¿Necesitamos matronas?», se cuestiona el doctor Michel Odent en su último libro, donde llega a la pregunta más provocadora: «¿Puede la humanidad sobrevivir a la medicina?». A sus 85 años, el obstetra francés afincado en Londres, considerado por muchos como el padre del parto natural (aunque él reniega del título), pone sobre la mesa un hecho incuestionable: la dependencia de la medicina desde el nacimiento y lo que eso significa para la evolución de la especie.

¿La manera en que nacen hoy los niños es un reflejo de la sociedad que hemos creado?
Mi tesis es que la medicina está neutralizando las leyes de la selección natural. Estamos interfiriendo directamente con la ley básica que ha permitido que la vida haya colonizado el planeta. ¿Cuáles serán los efectos a largo plazo? No lo sé. Mi labor es formular preguntas, siempre preguntas. Si tuviera las respuestas, quizás no hubiera escrito este libro ni el anterior, Nacimiento y la evolución del Homo sapiens (La liebre de Marzo).

Pero usted advierte que hay razones para estar preocupado ante lo que nos espera…
Lo que tenemos son muchas razones para hacernos preguntas. Lo peor es hacerse las preguntas cuando ya es demasidado tarde… Al neutralizar las leyes de selección natural, y al interferir como lo estamos haciendo con la fisiología humana, estamos creando un mundo radicalmente nuevo. Yo creo que estamos en el borde del precipicio, atrapados en nuestra propia trampa… Y el resultado es que las capacidades humanas, las que hemos ido desarrollando de un modo natural durante miles de años, se van a volver más y más débiles. Las mujeres están perdiendo la capacidad para dar a luz y para amamantar a sus hijos. Se están volviendo más y más dependientes de los médicos. Las técnicas reproductivas y la genética lo invaden todo. Lo que está realmente en juego es el futuro y la evolución de nuestra especie.

En España, como en el Reino Unido, la tasa de cesáreas ha superado ya el 25% ¿Es tal vez un indicador que ya no hay macha atrás?
Con la actual tendencia, tarde o temprano la mayoría de los seres humanos nacerán por cesárea. De ahí la pregunta: «¿Vamos a necesitar matronas?» La respuesta obvia sería «no». Pero por otro lado, también está la posilidad de que surja una nueva conciencia, que la gente se de cuenta de que estamos interfiriendo en nuestra propia evolución y que hay formas mejores de no interferir en el proceso.

En su libro anterior se hacía usted otra pregunta incómoda: «¿Qué podemos aprender de los bulldogs?» Y recordaba que el índice de cesáreas entre la peculiar raza inglesa rondaba el 90%…
Ha aumentado ya, la última vez que lo comprobé la tasa era del 95%. Yo creo que podemos extraer perfectamente lecciones de los partos animales. Y el caso del bulldog es sin duda alarmante. El problema es que, además, sólo son capaces de concebir por inseminación artificial, porque han perdido por completo la líbido. Pero sí, podemos extraer perfectamente la lección de los bulldogs, que están completamente en manos de la medicina veterinaria.

Usted ha criticado también el uso y abuso de la oxitocina artificial, más aún que el recurso a la anestesia epidural…
La liberación de la oxitocina es básica para que ocurra el parto de un modo natural. Lo malo es que hemos creado un sucedáneo artificial, que ahora es lo que más se utiliza para inducir el parto. Hemos ideado otra manera de interferir en el proceso natural, que obviamente va a tener sus efectos. El sistema fisiológico para producir oxitocina se está debilidando, y ésa es una hormona que afecta a nuestra vida sexual y a nuestra capacidad para socializar.

Hablemos de la presencia del padre en los partos. Usted lo defendió en un primer momento…
Yo escribí sobre el tema e hice lo que siempre hago: poner preguntas sobre la mesa. No soy de los que creen que hay ponerse radicalmente a favor o en contra de una cuestión.

Pero de un tiempo a esta parte se ha manifestado en contra de la presencia del padre, y ahora hay estudios que le dan la razón.
Desde los años setenta se introdujo esta nueva doctrina que empezó a abrir la puerta de las salas de partos a los padres. Y hoy por hoy, el 95% de los padres asisten al nacimiento. Se ha convertido en la cultura dominante. Ya es demasiado tarde para dar marcha atrás.

¿Pero por qué se debería quedar fuera el padre?
Porque si el padre está presente, es muy posible que le contagie a la madre la liberación de adrenalina, en vez de oxitocina. En el resto de las especies, la madre no invita a su pareja sexual a estar presente en el momento del nacimiento.

¿Qué necesita pues la mujer en el momento del parto?
Sentirse segura y protegida contra cualquier factor que estimule el neocortex y ponga en marcha la parte más intelectual de su cerebro, la que estimula el lenguaje. Necesita oscuridad y silencio: la oxitocina es una hormona tímida y no asoma si hay muchos espectadores… La mujer no necesita apoyo en el sentido en que tantas veces se ha utilizado a la hora de justificar la masculinización del parto.

¿Y qué tiene que decir sobre el papel de las doulas, que han sido objeto de controversia en España?
Es curioso, porque hace 30 años nadie hablaba de las doulas, y ahora las hay por todos los lados: En España o Italia, donde las matronas estás más medicalizadas, han surgido este tipo de conflictos. Pero yo no estoy ni a favor ni en contra. A lo mejor el tipo de matrona que hace falta es el más cercano a una doula. En la portada de mi libro, la matrona está sentada en una esquina haciendo punto…
http://www.elmundo.es/salud/2015/09/14/55f1dd6122601d47428b45ad.html
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