LA EDUCACIÓN ANTE LA CRISIS

 

A veces me sorprendo escuchando en la radio o leyendo en algún medio de comunicación tan poca perspectiva crítica y constructiva hacia el mundo educativo.

Las cosas van mal y oigo que se nos reclama atornillar más a los niños, más horas en la escuela, empezar cuanto antes, que cada vez tengan menos tiempo libre… Más deberes, clases particulares…

Cuando personas con carreras universitarias no tienen trabajo ni vivienda propia, se les invita a que sigan formándose… Increíble… Nadie plantea que esta sociedad crea carriles de única dirección, como promesa de un futuro mejor, pero que una vez llegamos al final… esa promesa jamás se cumple.

Pocos apuntan que la crisis muestra claramente el engaño,  que en nuestro modelo de progreso hemos renunciado todos (niños y adultos)  a aspectos muy básicos y de vital importancia para nuestra felicidad y bienestar.

Pero nos cuesta verlo… Hemos integrado este tipo de sociedad como la única posible.

Cuando los niños dan muestras de saturación y colapso, de profundo malestar, tratamos de hacerles pasar por el aro con toda clase de herramientas a nuestro alcance: castigos, chantajes, amenazas, medicaciones… Desplegamos todo tipo de profesionales ( maestros, psicólogos, psiquiatras…) que se ponen en marcha para apuntalar este sistema y que nada cambie. Que sea el niño el que -a pesar de sus protestas- acabe adaptándose…

Pero quizás llegará el día en que los propios “profesionales” de la educación, desde su propio malestar y su profunda necesidad de coherencia, digan BASTA.

Basta de ser los apuntaladores de este sistema, los transmisores de un modelo profundamente violento con las necesidades reales de niños, jóvenes y adultos.

Basta a servir a un sistema que no está al servicio del ser humano, un sistema que bajo la falsa promesa de un futuro mejor nos pide y nos roba el presente. Un sistema que busca de nosotros que seamos productivos, pero por encima de eso: que seamos consumistas. Que nuestro profundo malestar existencial sea canalizado hacia consumos varios, que poco tienen que ver con nuestras necesidades reales. Y que nos creamos libres.

Ante esta crisis recibimos mensajes con la intención de que nos quedemos paralizados, dando las gracias por el estado del bienestar en el que vivimos…

Incluso se nos amenaza sutilmente con guerras creadas en otros países y que colateralmente sirven para que justifiquemos, desde nuestras vidas robadas, un sistema basado en el miedo y el control…

Pero afortunadamente cada vez son más las voces discordantes que se alzan por un mundo mejor. A pesar de las presiones del propio sistema,  que trata de controlar que nada cambie, a través del miedo y la desesperanza…

Hablemos, dialoguemos, abrámonos a nuevas maneras de mirar y vivir la vida. Más respetuosas y conscientes. Sin aferrarnos a lo conocido como lo único válido…

Tengamos paciencia por el camino, con nosotras y nosotros mismos, cuando a pesar de nuestras ganas de hacer las cosas de manera diferente, sigamos repitiendo lo que vivimos siendo niños… Los cambios de paradigma se van trazando lentamente a través de diversas generaciones…

Si verdaderamente queremos un cambio, necesitaremos poner mucho Amor en circulación, empezando para con nosotros mismos…

Y unámosnos, necesitaremos recordar que no estamos solas y solos en el camino…

Cristina Romero

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